1° AÑO de Metafísica Gnóstica


REGLAS BÁSICAS DE METAFÍSICA GNÓSTICA


El grupo busca alcanzar el Ser Superior del hombre como entidad espiritual, sin distinción de raza, sexo, ni religión

El grupo no representa ninguna doctrina religiosa ni política. No persigue el poder, ni la acumulación de bienes materiales; sus integrantes marchan exclusivamente en pos de la verdad.

El objetivo primordial de cada miembro de este grupo es transformarse, conociéndose a sí mismo en esencia, ayudando desinteresadamente a quienes lleguen al camino del autoconocimiento.

Los integrantes del grupo son seres independientes ya que la integración al grupo no implica compromiso económico, físico o psicológico. Desempeñan sus tareas en forma anónima, respetando sus identidades.

El grupo posee una inquebrantable Fe, en el luminoso futuro de la humanidad, y confía que en el Alma de cada hombre, se conserva todavía intacta la Divina semilla de la Luz Eterna, de la Divinidad.


QUIEN BUSCA LA VERDAD, DEBERÁ DESPERTAR y PARA DESPERTAR DEBES:


Estar dispuesto a escucharlo todo y a cuestionarlo todo.

Saber separar la verdad de lo que no lo es.

Observarse a sí mismo, tus hábitos, tus relaciones y la razón de porque respondes así.

Observarse sin críticas, justificaciones, culpas ni miedos de descubrir la verdad.

Para despertar, hay que quitarse las vendas que impiden ver otro punto de vista; otra realidad.


¿Qué hace falta para despertar?

No hace falta dinero ni nada material, ni juventud, ni esfuerzo. Solo hace falta:

La capacidad de pensar en algo nuevo, ver algo distinto para descubrir lo desconocido, esto es:


Abrir conciencia:

Esto es iluminación.

El místico es un hombre iluminado.

Es el que todo lo ve con claridad.

El hombre místico tiene esta claridad, porque: “ESTA DESPIERTO

EMPIEZA POR TI"


Las siguientes palabras fueron escritas en la tumba de un obispo anglicano (1100 D. C.) en la cripta de la Abadía de Westminter.

Cuando era joven y libre y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo.

Al volverme más viejo y más sabio, descubrí que el mundo no cambiaría, entonces, acorté un poco mis objetivos y decidí sólo cambiar a mi país.

Pero también él parecía inamovible.

Al ingresar en mis años de ocaso, en el último intento desesperado, me propuse cambiar a mi familia, a mis allegados, pero por desgracia, ya no me quedaba ninguno.

Y ahora que estoy en mi lecho de muerte, de pronto me doy cuenta que:

Si me hubiera cambiado primero a mí mismo, con el ejemplo habría cambiado a mi familia. Y a partir de su inspiración y estímulo, podría haber hecho un bien a mi país, y quien sabe, tal vez, incluso habría cambiado el mundo.

Anónimo